Hielo vivo, vibrante. Color que crece. Alturas y verticalidad.
Salud, gin. Vaso frío bajo un sol cálido.
No hay escalofrío, solo electricidad.
Ni una nube. Un instante. Una eternidad.
Green Ice nace de dos imágenes que, si lo piensas, son la misma. La primera es una caminata por la montaña, en el punto donde el prado se rinde y empieza el hielo, y el aire huele a nieve y a enebro. La segunda es el primer sorbo de un gin tonic: la nariz llega antes que la boca y encuentra cítrico, enebro, frío.
De ahí parte todo. La apertura es gélida de verdad, el acorde de hielo y el enebro están ya desde el primer segundo, sostenidos por el pomelo, la mandarina y una punta de jengibre que da la sacudida. No es el cítrico habitual de los perfumes de verano: es más afilado, más vivo.
Luego el frío se abre y deja subir el verde y la madera, sin soltar nunca su agarre refrescante. Se perciben el ruibarbo, la pera, el sándalo y un vetiver que lo mantiene todo con los pies en la tierra. En el fondo llegan el musgo blanco, el cedro de Virginia y el ámbar: son ellos los que hacen durar la fragancia y la vuelven envolvente en vez de solo fresca.
Green Ice es unisex y tiene un carácter marcadamente veraniego, pero no es un perfume que hiberne en septiembre. Es un perfume de día que funciona en todas las estaciones, para quien busca la frescura sin renunciar a la permanencia.