¿Por qué Devertere?

Desviarse es, ante todo,
una actitud, una forma de vida
que no se agota en la fragancia.
Cualquier elemento puede encarnar
el espíritu Devertere, siempre y cuando se case con él
la esencia intrínseca: el acto
Desviarse, aceptar lo inesperado
y subvertir radicalmente
los paradigmas.

Devertere no busca seguidores, sino cómplices.


Está dirigido a millennials y generación Z rebeldes, pero también a adultos "incómodos", a cualquiera que esté cansado de lo que ya se ha dicho y busque una provocación inteligente con la que se identifiquen.

Está dirigido a quienes buscan experiencias auténticas, rechazan la lógica de masas y son curiosos por naturaleza.


Quienes eligen Devertere no buscan símbolos de estatus impuestos, sino la libertad de expresar su propia identidad.

para desviar

/de·vèr·'te·re/ v. tr. [del lat.divertěre, propr. «girar hacia otro lugar»], comp. de di(s) y vertěre «girar».

  1. Desviar o distraer la atención,
    la mirada o el pensamiento desde una dirección
    preestablecido; tomar un desvío
    (físico o mental) en busca de
    alternativas y caminos inesperados.

  2. Cambio de perspectiva que genera
    placer y ocio; abandono consciente
    patrones rígidos para salir
    dejarse guiar por el destello de lo inesperado, por el
    juego y ligereza.

  3. Estimular la creatividad y la libertad
    interior a través de actividades lúdicas,
    social o artística, encontrar alegría y
    alivio en la desviación de lo habitual
    (por ejemplo, divertirse viajando, en el arte).

  4. (música) Composición breve
    instrumental, de carácter brillante y
    agradable, diseñado para
    entretenimiento.

Filosofía olfativa

Cada fragancia es una experiencia viva que, como toda actuación, debe sorprender, evolucionar y dejar una estela persistente.
La característica esencial que buscamos es precisamente su metamorfosis sobre la piel: un viaje que redefine las percepciones y nos lleva más allá de las expectativas iniciales.


La innovación se convierte en lenguaje: las notas no se suceden de forma convencional, sino que se entrelazan en un diálogo continuo. Es un juego de equilibrio que genera armonía a través del contraste y convierte la evolución olfativa en un manifiesto de imprevisibilidad. Las notas se deconstruyen y recomponen, creando una narrativa que trasciende la forma clásica del perfume. La ironía y la disidencia, señas de identidad del dadaísmo y el surrealismo, se traducen aquí en audaces yuxtaposiciones: flores y plástico, cuero y resina sintética.

Un lenguaje que juega con el exceso, transformando el sentido del olfato de un espacio sensorial a uno conceptual. En consonancia con los códigos visuales de Devertere, aquí también el color y la materia se convierten en metáforas: fragancias con tonos saturados y táctiles que evocan texturas, superficies y temperaturas.
Es la traducción olfativa de un pensamiento contemporáneo, donde la piel se convierte en lienzo y el perfume, en lenguaje.